La cordobesa Fátima Gálvez, por el fin de la sequía en el plato

Redacción
01/07/2019
La tiradora cordobesa se clasifica para los Juegos de Tokio tras sumar dos...”

 

“Si quieres algo, lucha por ello. A todo aquel que dudó de mi capacidad para lograr grandes éxitos le mostré que estaba equivocado”. Con estas elocuentes palabras se presenta la tiradora cordobesa Fátima Gálvez en su página web, donde deja ver su condición batalladora. Cualquiera que viera su decepción en los Juegos de Río de 2016 coincidiría con ella.

En Brasil rozó el metal, pero se le escapó en el último disparo. Luego irrumpió el llanto y a continuación la rabia. Tanto fue así que a punto estuvo de arrojar la escopeta al campo de tiro, demostrando la frustración más absoluta que siente un deportista tras cuatro años de entrega a una sola idea: la medalla olímpica.

El deporte, como la vida, no carece de injusticias, aunque a veces conceda segundas oportunidades. La de Gálvez será la tercera. En Londres 2012 obtuvo también el diploma al ser quinta. Entonces era joven e inexperta. Para la cita de Tokio 2020, sin embargo, llega en plenitud deportiva. La pasada semana logró la clasificación para la cita olímpica con un bronce en los Juegos Europeos de Minsk, aunque sea preciso recordar que la plaza no es nominativa sino que pertenece a la Federación Española. 

Por mucho que la cordobesa haya tenido roces con las instituciones de su deporte, no se entendería que no le fuera reservada esa plaza, más si cabe cuando se llevó también el oro en la categoría mixta junto al granadino Antonio Bailón, otra de las apuestas andaluzas en la disciplina.

Por las venas de la tiradora de Baena fluye más pólvora que sangre. Criada entre extensos olivares, su padre la aficionó a la caza desde bien pequeña. Con cinco años ya admiraba a los tiradores de Barcelona 92. Caso contrario a Rafa Nadal, es zurda de nacimiento y aprendió a disparar con la derecha. Un lustro después, como adolescente, ganaba casi todo lo que disputaba, los torneos de su categoría y los de categorías superiores, dentro y fuera de España. 

Como tiradora sénior siguió su escalada hasta el Olimpo deportivo, aunque no fue hasta colgarse el oro en el Campeonato del Mundo de 2015 cuando convenció a todos de su poderío, incluso a los componentes de su familia.

La menor de cuatro hermanas, todas casadas y con hijos salvo ella, sigue siendo la predilecta de su padre, con quien sigue compartiendo la pasión por las escopetas y la caza menor. Un conejo o una perdiz saben mejor si ha sido uno mismo quien los ha cazado. Se graduó como enfermera, pero su ejercicio exclusivo se centra en los entrenamientos diarios en el campo de tiro de Las Gabias, en Granada. 

Ahora sólo tiene en mente la nueva oportunidad de Tokio 2020, su tercera oportunidad para lograr la gloria olímpica, aunque quizá no sea la última. No es infrecuente ver a tiradores competir llegados a la cuarentena. Cerca en veteranía estarán sus rivales, como las italianas Jessica Rossi y Silvana Stanco.

La presión y la precisión serán claves para esa cita olímpica para la que aún faltan doce meses. Antes, la cordobesa podrá volver a procesionar otra Semana Santa en su tierra natal junto al Jesús Nazareno de Baena, imagen de la que es devota y cuyas estampitas la acompañan en cada competición, así como una cruz de Caravaca y un escarabajo egipcio. 

La modalidad en la que compite Gálvez se denomina 'trap', pero no tiene nada que ver con los ritmos de baile, sino que hace referencia al propio foso olímpico, desde donde hay que “atrapar” los platos con los proyectiles del arma. La cordobesa tratará de repetir en Tokio la soberbia actuación de Bielorrusia y sumar un metal olímpico para España, algo que no ocurre desde que María Quintanal en los Juegos de Atenas de 2004.

 

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